El cauce de Sa Riera, fractura urbana en la ciudad de Palma que la divide en dos hasta llegar al mar al igual que un río erosiona un macizo montañoso año tras año dejando su marca en la piedra, piedra que en este caso es hormigón, estratos que son edificación y naturaleza fragmentada, claro está, naturaleza urbana.
Agua, que aparece agresiva, peligrosa e imprevisible a su paso por el núcleo urbano, con recuerdos de tragedias ocurridas en el tiempo. Viene a acentuar esta separación entre barrios, entre gentes, esta fractura de ciudad.
Agua amable y tranquila que es foco de atracción, de disfrute y recreo para la vista, que está presente en toda la intervención convirtiéndose en el auténtico hilo conductor del proyecto.
Topografías suavizadas para permitir transiciones fáciles entre barrios, trenzas de caminos que favorecen el paseo, la meditación y contemplación de las especies dispuestas a su paso. Que el discurrir del peatón sea un aprendizaje continuo, en el que ocurran episodios en los cruces de caminos justo cuando dudas hacia donde dirigirte.
Bordes que surgen en el encuentro de la ciudad con el límite del solar, antesala de lo que va a ocurrir y protagonistas de lo que ya está sucediendo, permiten vistas, juegos, paseo y mediante unos límites diluidos invitan a participar de lo que ocurre más allá.
Conexiones que permiten un fluir constante entre una parte y otra de ciudad, buscando mediante una pasarela elevada prolongar el paseo, permitir ver el parque desde un punto elevado que lleva hasta la otra orilla… de la ciudad.
La feria, condicionante a integrar dentro de la actuación, tiene personalidad propia, que exige un lugar que ya habita, pero necesita incorporarse a la ciudad y dejar de ser periferia dentro del casco urbano. Se trabaja el plano del suelo como si de un lienzo se tratara, se incorporan pavimentos y tratamientos verdes dentro de una ordenación que permite flexibilidad y al mismo tiempo ofrecer un espacio de calidad urbana necesaria para cuando se deja de necesitar.